Un recorrido por las calles de Peñíscola. Distintas horas,
distinto ambiente, pero manteniendo su encanto.
Callejuelas estrechas, engalanadas
esperando el comienzo de las fiestas, que recuerdan al Albayzín y a los pueblos de
la Alpujarra, aunque con un colorido más
marinero.
Una mañana callejeando por sus rincones reciñen amanecido, me
topé con una mujer mayor, una amable lugareña, que me dijo que sacara bonito su
pueblo, cosa que no era difícil. Parecía
sentir nostalgia de tiempos pasados, antes de la invasión turística aunque
aceptaba con resignación el cambio, todo tiene sus inconvenientes y sus
ventajas. Por eso en este álbum he querido reflejar una Peñíscola sin bullicios ni aglomeraciones, tal y como creo que pudiera haber sido antes
del auge turístico.

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